Tromsø se asienta en una pequeña isla a casi 70° norte, unos 350 km al norte del círculo polar ártico, donde unos fiordos resguardados se abren hacia el mar de Noruega. Con unos 78 000 habitantes, una universidad, un puerto con mucha actividad y más bares de los que cabría esperar, es con diferencia la ciudad más grande y mejor comunicada de este tramo de costa ártica, y por eso los cazadores de focas, los balleneros y los exploradores polares la usaron como punto de partida durante más de un siglo.
Para los viajeros es la base más fácil y con mejor relación calidad-precio del Ártico. Entre septiembre y principios de abril queda justo debajo del cinturón de auroras; de noviembre a enero el arenque atrae a las orcas y a las ballenas jorobadas a los fiordos situados más al norte; y de finales de mayo a finales de julio el sol no se pone nunca. Tromsø tiene además vuelos directos a Svalbard y barcos costeros diarios hacia el Cabo Norte y Kirkenes.
Lo más destacado
- Salir en minibús en busca de auroras boreales en una noche despejada de invierno
- Orcas y ballenas jorobadas frente a Skjervøy de noviembre a enero
- La vista de la isla desde Fjellheisen al atardecer o bajo el sol de medianoche
- Trineo de renos y una comida en un lavvu con una familia sami
- Trineo de perros por Kvaløya o por las estribaciones de Lyngen
- Playas blancas y aguas turquesas en Sommarøy
Tromsø: cómo organizar tu tiempo
Tres noches es el mínimo en invierno, porque las auroras boreales dependen de que el cielo esté despejado y es habitual que haya una noche nublada: con tres o cuatro tardes-noches tus probabilidades son buenas. Llena los días con una salida al mar (ballenas o un crucero por el fiordo) y una actividad en la nieve. En verano, dos o tres días bastan para la ciudad y una excursión de un día a Sommarøy, Senja o los Alpes de Lyngen antes de seguir por la costa.



