Alta se encuentra al fondo de un largo fiordo a 70° norte, resguardada del mar abierto por islas y montañas. Ese abrigo le da uno de los inviernos más secos y despejados de la costa noruega, y por eso en 1899 se construyó en una cumbre sobre la ciudad el primer observatorio de auroras boreales del mundo. Con unos 21 000 habitantes es la ciudad más grande de Finnmark, repartida entre pinares junto a uno de los grandes ríos salmoneros de Europa.
Hammerfest, 140 km más al norte, en la isla de Kvaløya, es un lugar completamente distinto: un puerto compacto, pesquero y gasista, de cara al mar de Barents, donde los renos pastan por las calles en verano y el barco costero hace escala todos los días. Juntas, las dos forman una buena alternativa a Tromsø, con menos gente, y una parada natural de camino al Cabo Norte.
Lo más destacado
- Auroras boreales desde uno de los puntos más despejados de la costa
- Grabados rupestres de hasta 7000 años de antigüedad en el Museo de Alta
- Una noche —o solo una copa— en el Igloo Hotel
- Orcas y ballenas jorobadas en los fiordos a principios del invierno
- Trineo de perros y moto de nieve en la meseta de Finnmark
- La Columna del Meridiano y la vista del puerto en Hammerfest
Alta y Hammerfest: cómo organizar tu tiempo
Alta merece dos o tres noches en invierno: una tarde-noche de auroras, un día con perros o motos de nieve y una visita al arte rupestre y a la catedral. Hammerfest lleva unas pocas horas y funciona bien como escala del barco costero o como excursión de un día por carretera. En verano, añade el trayecto en coche o un barco fluvial hacia el cañón de Sautso y sigue hasta el Cabo Norte, a algo más de tres horas de Alta.



